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lunes, 30 de abril de 2018

En primera línea de la resistencia: cómo los estudiantes se convirtieron en la esperanza de la democracia en Nicaragua

Carteles Nicaragua
DIARIO EN DIRECTO
MANAGUA, Nicaragua.- Un enjambre de jóvenes se arremolina en el portón
 blanco de acceso a laUniversidad Politécnica (Upoli). Muchos tienen
 sus rostros cubiertos con pañoletas, gorras o camisetas que solo dejan
 al descubierto sus ojos. Es el último punto de acceso a una fortaleza
 protegida por barricadas y anillos de seguridad conformados por
 estudiantes y muchachos de la colonia Rafaela Herrera de Managua 
que están armados con piedras y morteros.
Es lunes, 23 de abril, el sexto día de las protestas que han puesto en
 jaque al presidente
Los adoquines levantados en el suelo, las cenizas de llantas quemadas, los 
restos
de botellas de agua, basura y cócteles molotov caseros dan fe de la
 batalla que se vivió la noche anterior, cuando la policía reprimió a los
 estudiantes de diferentes universidades que llevan días atrincherados
 en la Upoli plantándole cara al gobierno. El ataque dejó un estudiante
 muerto y una decena de heridos.
"Ayer estuvimos peleando desde las 2 de la tarde hasta aproximadamente 
las 3 de la mañana. Yo estaba en el portón y gritaban: '¡Médico, médico!',
cuenta
Carlos Alberto, un estudiante de diseño gráfico de 21 años convertido en
 uno de los responsables de la seguridad del edificio que durante días
 se convirtió en el principal bastión de la resistencia en Nicaragua.










Durante varios días,

La imagen puede contener: exterior
 las calles que rodean la Upoli estuvieron rodeadas de barricadas hechas por los estudiantes para defenderse.

El joven moreno y delgado que cubre su pelo con una gorra de los
Chicago Bulls camina a paso ligero por el patio de la universidad, donde
decenas de jóvenes se resguardan del sol bajo un techo metálico y organizan
las provisiones recibidas. En una de las salas del edificio que el día anterior hizo
las funciones de enfermería con varias mesas dispuestas como camillas para
 atender a los heridos, varios estudiantes con los rostros cubiertos muestran
 los cartuchos de las balas que recogieron tras el ataque.
"Él (Daniel Ortega) mandó a la policía orteguista a matarnos.
 Hubieron (sic) muchos heridos", lamenta un estudiante de Ingeniería
Agraria que se identifica como 'Verde'. El joven lleva una bata quirúrgica y guantes
 y cubre su rostro con camiseta gris a modo de burka. "Hay compañeros que han
 muerto y eso nos duele a cada uno de nosotros", dice tratando de evitar las
lágrimas. "Esta mierda no va a quedar así. Daniel Ortega y Rosario Murillo se
tienen que ir. Es una dictadura que nos tiene oprimidos a nosotros como
 estudiantes y al pueblo como nación".







Estos son algunos de los estudiantes de la UPOLI de Managua, donde la policía ayer reprimió (mataron a un estudiante y dejaron una decena de heridos). No quieren dar las caras porque temen más represalias del gobierno de Ortega @UniNoticias

El día anterior, el 22 de abril, en un gesto inédito en sus 11 años consecutivos
en la Presidencia,
 Daniel Ortega
prometió dar marcha atrás al polémico decreto de reforma a la seguridad social 
que había provocado las protestas y llamó a un diálogo nacional.
 Pero, tras días de represión y muertos, sus declaraciones no fueron suficientes
 para una población que ha perdido el miedo y que desde hace casi dos semanas
 no ha dejado de salir a las calles ni un solo día para pedir la renuncia de la
 pareja presidencial y que les garanticen sus libertades democráticas.
El discurso de Ortega tampoco hizo que acabara la violencia policial. Solo horas
después de que hablara de paz a los nicaragüenses, varios agentes cargaron
 contra los estudiantes atrincherados en la Upoli. Y aunque ese fue el último
 acto de la terrible represión registrada en Nicaragua entre
el 19 y el 22 de abril, desde entonces no han parado de subir las cifras
de víctimas en el conteo que hacen dos organizaciones independientes
 que tratan de confirmar la identidad de los cadáveres llegados a las morgues
 y los hospitales durante esos días.
Según el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), ya
 hay 43 fallecidos, entre ellos dos policías, mientras que la Comisión Permanente
de los Derechos Humanos (CPDH) sitúa esa cifra en 63. También está por
 determinar el número final de heridos, desaparecidos y las personas que
siguen detenidas por las protestas, pero estos números convierten a esta
matanza en la peor en Nicaragua desde el final de la guerra en la década de
1990.
Los estudiantes aceptaron la semana pasada unirse a la mesa de diálogo con
el gobierno en la que también participarán el Consejo Superior de la Empresa
 Privada (Cosep) y que tendrá a la iglesia católica como garante. Pero son los
 jóvenes quienes tienen ahora el reto de canalizar el descontento de la población
 de Nicaragua. Ellos fueron quienes se pusieron al frente de las protestas y de la
 resistencia al gobierno de Ortega, se llevaron lo peor de la represión y se
 ganaron el cariño de los ciudadanos que los abastecieron con comida, agua
y medicinas y
salieron masivamente a las calles para pedir que dejaran de reprimirlos.

Estudiantes sorteando balas

En Nicaragua, muchos coinciden en señalar que las protestas por las reformas
a la seguridad social que comenzaron la semana pasada fueron solo
la "gota que rebasó el vaso", como señala Carlos Tünnerman, exrector de la
 Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAM) y exembajador de
 Nicaragua en la Organización de Estados Americanos (OEA).
Tünnerman afirma que, pese a que las organizaciones estudiantiles han estado
 tradicionalmente aliadas al sandinismo desde el fin de la guerra, en los últimos
 11 años del gobierno de Ortega "se fueron acumulando atropellos, abusos y
 violaciones de derechos humanos" que, a su juicio, han hecho que
 sistemáticamente se haya "derrumbando la constitucionalidad democrática".
Los chavalos, como les llaman a los jóvenes en Nicaragua, comenzaron a
 manifestarse a mediados de abril por la que consideraban la negligente
 respuesta del gobierno ante el incendio de la reserva biológica de Indio Maíz,
 en el sur del país. El 12 de abril, un grupo de estudiantes convocados a través
de las redes sociales
 con la etiqueta #SOSIndioMaiz salió a protestar y
 fue reprimido por la policía antimotines y las turbas sandinistas, jóvenesafines
al gobierno que actúan como grupos.



VÍDEO CLIC AQUÍ ⇣⇣⇣


La imagen puede contener: una o varias personas
Después de atrincherarse en la Upoli, los estudiantes se organizaron en brigadas. La médica recibió decenas de voluntarios para atender a los heridos.
Cuatro días más tarde, el anuncio de la polémica reforma de la seguridad
social echó más gasolina al descontento de la población e incomodó al
 Cosep, la principal patronal nicaragüense que durante años había
consensuado sus decisiones con el gobierno de Ortega. El miércoles
 18, el presidente oficializó la propuesta con un decreto presidencial, lo
 que desató mayores protestas y lo peor de la represión.
El 19 de abril, grupos de antimotines y turbas sandinistas cargaron contra
los estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA) y la Universidad
 Nacional de Ingeniería (UNI) que protestaban pacíficamente. Tras ser atacados
con balas de goma y gases lacrimógenos, los jóvenes comenzaron a defenderse
 con palos, piedras y morteros de fabricación casera.
"Al primer momento, lo que sentimos era susto porque era la primera vez que
había pasado algo así en mi vida. Lo había visto en historia, lo había visto en
video pero nunca esperé verlo yo y menos porque mi papá es periodista y tengo
fotos de la guerra que había pasado mi país", cuenta Isabel Orozco, una
 estudiante de Derecho de la UCA de 18 años que fue alcanzada por dos
balas de goma en la espalda y un glúteo.
Aquella noche, la joven pasó unas horas escondida en una colonia aledaña
a su universidad protegiéndose del gas lacrimógeno, donde los vecinos
 acogieron y defendieron a los estudiantes que estaban siendo
 atacados. "Ya no era por la reserva de Indio Maíz, ya no era por la 
reforma del INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social), era porque
 nos estaban atacando. Estaban atacando al pueblo", afirma. "Estábamos
 cansados de lo que estaba haciendo el presidente Daniel Ortega y la
 vicepresidenta, su señora, Rosario Murillo. Sentíamos la represión y no
 entendíamos el porqué del ataque. No estábamos haciendo nada malo,
nos estábamos levantando para una protesta, una manifestación, las cuales
no están prohibidas".





Detenidos por protestas en Nicaragua fueron liberados rapados y golpeados Univision




Por eso, Orozco decidió regresar al día siguiente a la protesta, esta vez a la
UNI. Pero aquel día, de los gases y las balas de goma, la represión pasó a otro
 nivel y los estudiantes fueron atacados con munición real. Según la
 estudiante, las balas salieron de las armas de miembros de la Juventud
Sandinista, afines al gobierno, que se habían infiltrado entre los universitarios
 y comenzaron a dispararles por la espalda cuando construían una barricada
 para tratar de defenderse. "Llegaron a disparar a lo descosido. Nos atacaron
 como matadero de ganado. Lastimaron a varios muchachos, mataron a
varios", afirma.
Según el registro del Cenidh, al menos un joven murió alcanzado por tres
 disparos el 20 de abril en las intalaciones de la UNI. Otros dos fallecieron
 por impactos de bala en las inmediaciones de Metro Centro, un área cercana
 a esa universidad.
Al día siguiente, el 21 de abril, Orozco se trasladó junto a una amiga
a la Upoli, el último bastión de los estudiantes, donde cientos de ellos se
 refugiaron para defenderse de los ataques de los antimotines y plantarle
resistencia al gobierno de Ortega. En medio de la batalla, los jóvenes
atrincherados no tardaron en organizar una estructura para sobrevivir y
 se dividieron en brigadas: la médica, la de seguridad, la de limpieza, la de
alimentación, la de municiones y la directiva.
También habilitaron las instalaciones del campus para diferentes funciones:
el auditorio se convirtió en el área de comida y varias aulas pasaron a ser
 salas médicas: una de observación, otra para casos críticos y otra para
 quienes llegaban con intoxicaciones alimentarias. Además, asignaron
 otros salones como farmacias y bodegas, donde recibían las múltiples
 donaciones de comida, agua y medicinas que les hacía llegar la población.

De envenenamientos de comida a amenazas

Al poco de llegar a la Upoli, Isabel Orozco decidió anotarse en la brigada
médica porque se dio cuenta que era la mejor manera de ayudar. "Me uní
 al cuerpo de medicina y aprendí los conocimientos de cómo suturar, cómo
atender una herida, cómo limpiarme las manos antes de atender a un herido",
 explicaba la joven el miércoles 25 en las instalaciones de la Upoli, donde el
 ambiente estaba más distendido tras el fin de la represión.
La imagen puede contener: una o varias personas
Miembros de la brigada médica atienden a un herido.








Miembros de la bri

Pero, los primeros días, los universitarios tuvieron que adaptarse rápido a la
 situación y sortear algunos temores que fueron surgiendo. Cuando salían a
 defender sus instalaciones y, para evitar que, si los capturaban, los identificaran
 y reprimieran a sus familias, no llevaban su cédula, su carnet estudiantil ni
 teléfono. En su lugar, se pintaban unas señas de identificación en el brazo.
También empezaron a pedir donaciones sólo de comida enlatada por miedo
a ser envenenados después de haber identificado varios casos de intoxicación.
"Han pasado un sinnúmero de cosas. Nos han traído comida envenenada,
 nos han infiltrado comida con vidrios molidos. Hace un día se infiltró un 
médico y andaba inyectando con una aguja las aguas y una noche se
 infiltró un señor con una joven y le andaba dando pastillas a los jóvenes
 que tenemos en los retenes (...) Atendimos a 20 pacientes intoxicados para
 relajarse", contó Freddy Martínez, un estudiante de márketing de 25 años con
conocimientos de fisioterapia que también se unió a la brigada médica.
Con el paso de los días, y con el fin de la represión y la apertura al diálogo,
algunos de los estudiantes se fueron quitando los pañuelos, las gafas o las
 camisetas con los que cubrían sus rostros, dejando de lado sus motes y dando
 sus verdaderos nombres.
Sin embargo, para otros, el miedo sigue vigente. Temen que, si el gobierno los
 identifica como manifestantes, puedan perder sus trabajos en puestos públicos
 o sus becas. "A compañeros de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua
 (UNAN -pública-) amenazaron con quitarles las becas de estudio y aquí los que
 estudian medicina nos tuvieron que apoyar clandestinamente. Los tuvimos que
ir a traer y a dejar a los refugios porque esos chavalos pelean tanto por el cupo
 y los amenazan con sacarlos", cuenta Valeska Valle.

El reto del diálogo

Valle, alumna de último año de contaduría de la UCA, ejerció como auxiliar
médica durante durante lo peor de la represión y ahora se ha convertido en
portavoz de los estudiantes. De cara al establecimiento de la mesa de
 diálogo, los universitarios exigen que se garantice su seguridad y que el
 gobierno se comprometa a no perseguir a los jóvenes que participaron en las
 protestas.
La imagen puede contener: 8 personas, personas sonriendo, personas sentadas
Freddy Martínez, Jeancarlo López y Valeska Valle son tres de los portavoces del movimiento estudiantil que se atreven a mostrar sus rostros y decir sus nombres.








Freddy Mar

"Estamos aquí para rechazar el autoritarismo, la demagogia, la división y la
mentira. Estamos aquí para dar inicio a una revolución ciudadana en la que
 los estudiantes juramos defender la democracia y los derechos de cada
 nicaragüense. Estamos aquí para rescatar la autonomía universitaria a través
de la organización de elecciones libres y transparentes en cada recinto, con el
objetivo de elegir a nuevos representantes estudiantiles que defiendan los
intereses de la comunidad universitaria y no los intereses de un partido
político", se puede leer en un
 manifiesto firmado por la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia este sábado.
El grupo, que aglutina a jóvenes de distintas universidades del país, ha pedido
una 'prórroga' hasta mediados de mayo para decidir quiénes los representarán
 y consensuar una agenda. Además, han presentado unas condiciones que
consideran que deben darse para establecer el diálogo. Entre otras cosas, los
 estudiantes piden que se haga justicia a las víctimas, que los medios de
 comunicación tengan acceso a las conversaciones, que haya representación
de los familiares de los fallecidos, que se libere a los detenidos durante las
protestas, que se castigue a los responsables de la represión y que se cree
una comisión independiente para investigar los crímenes.
La imagen puede contener: 4 personas, personas de pie y exterior
A las puertas de la Upoli, un altar recuerda a los estudiantes caídos en las protestas.








A las puer


Mientras los jóvenes se organizan, el país tiene los ojos puestos en ellos de
 cara a un diálogo con el que un sector de la población teme que el gobierno
solo quiera ganar tiempo. El arzobispo auxiliar de la Diócesis de Managua,
monseñor Silvio Báez, un religioso crítico con el gobierno de Ortega y una de
 las voces que se ha escuchado con más fuerza en el país durante las protestas,
los ha definido como "la reserva moral de Nicaragua".
Por su parte, el escritor y exvicepresidente Sergio Ramírez dijo de ellos la semana
 pasada, tras recoger el premio Cervantes, que
 le están "devolviendo al país la moral perdida, o silenciada por el
miedo, despertándolo de un sueño anestesiado”.
En las últimas semanas, los estudiantes han dejado claras sus prioridades al
mantenerse firmes con sus demandas. "Parte de mí siente que mi educación
 se ha desperdiciado", reconoce Carlos Antonio, el estudiante de diseño gráfico
 que resguardaba la Upoli el día después del último ataque. "Pero estoy luchando
 por algo que vamos a lograr. Cuando esto acabe, Nicaragua va a estar en
 tranquilidad y paz, Nicaragua va a ser libre".




En fotos: Las pancartas y los símbolos de los manifestantes en Nicaragua

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